lunes, 6 de marzo de 2017

La sesión de las Cinco


- Tio, ¡te tengo que contar lo que me pasó la semana pasada!
-  ¿Qué te pasó? Cuenta, cuenta
- ¿Te acuerdas que te dije el miércoles que iba a ir al cine? 
- Si, me acuerdo ¿No fuiste, no?
- Si, si que fui. Fui al Ulises el cine independiente que hace esquina en la plaza pequeña, ¿Sabes cuál te digo? ¿Aquel al que fuimos una vez con Claudia? 
- Si, si se cual dices, ¿volviste a ir con tu ex? 
- No, fui solo. 


-Hacía tiempo que quería ir solo al cine, además las películas del Ulises son todas de tipo independiente y no conozco a mucha gente, a parte de a ti y a mi Ex, que les guste ir. Bueno, a lo que iba, fui al cine porque habían estrenado hace poco aquel drama francés del que te hablé, no se si te acuerdas...

- Sí, aquella película que el director y el reparto eran franceses, y la habían rodado en Islandia, y no se que más me contastes. 

- Sí, pues esa, pero cuando llegué, vi que también estaba en cartelera la de Stockholm de Rodrigo Sorogoyen, un romance atípico con muy buenas críticas. El problema es que las dos eran a las cinco de la tarde, y no sabía cual quería ver, así que mientras me debatía entre cual de las dos escoger, llegó una chica. La verdad, me pareció una chica muy guapa y peculiar. Me la quedé mirando, aquello que te quedas empanado sin darte cuenta.

- Aha, y ¿Cómo era? 

- No era muy alta, debería rondar el metro 60 más o menos, llevaba una media melena castaña, con las puntas más rubias, ¿sabes? esto que ahora se hacen mucho las chicas; y unas gafas de pasta, redondas, marrones. Iba con unos mocasines negros con algo de tacón, unos tejanos de estos de cintura alta, un jersey corto rojo y una mochila verde chillón de Kipling. Resultaba muy gracioso y chocante, porque no le pegaba para nada, pero ella la llevaba transmitiendo una seguridad y una sensación de comodidad que al cabo de un rato, hasta te parecía un buen conjunto y todo. No te sabría decir si iba, o no, maquillada, yo creo que si iba maquillada, llevaba un maquillaje muy sutil, lo único, los labios, si que tenían algo de color, un tono rojizo, pero como ya te he dicho apenas se notaba. 

- Bueno tio, y ¿que pasó?, llego la chica esta ¿y qué? 

- Pensé que ella estaría esperando a alguien sabes, una amiga, o el novio, yo que sé. Pero, fue directa a la taquilla, a pedir una entrada para la de Stockholm, a la sesión de las cinco. Como te he dicho yo estaba dudando entre las dos películas, como si fuera cosa del destino, ya sabes que yo creo mucho en estas cosas, decidí que era esa la que tenía que ver. Así que fui a la taquilla y me pille la entrada después de ella. Cuando entré en el cine, se estaba pidiendo unas palomitas pequeñas saladas y una pepsi. Yo hacía nada que acababa de merendar y no me apetecía pillarme nada, así que fui al baño y pensando además, que si tardaba más que ella en entrar, luego podría elegir donde sentarme, es decir sentarme relativamente cerca, sin que fuera muy descarado ¿sabes? rollo miro mi entrada y "ay va, que casualidad que mi butaca está tan cerca" ¿me sigues? 



- Sí tio, rollo acosador... ¡es broma! Bueno y te sentaste cerca suyo para ver la peli ¿no?

- Efectivamente, cuando entré, ella ya estaba sentada, quinta fila, en el medio pero hacia los asientos de la izquierda, así que yo me senté en la quinta fila, en el medio pero hacia los asientos de la derecha. No vino nadie más. Empezamos a ver la película los dos solos. Era una sensación muy extraña, reíamos y llorábamos a la vez, si, se me cayó la lagrimilla en alguna ocasión, soy un tio sensible ya lo sabes. Hacíamos comentarios, nos mirábamos de vez en cuando...

Manu se descojonaba, pero yo continué.

- Bueno, que era cómo si estuviéramos compartiendo esa experiencia juntos. Aunque no nos conociéramos de nada, aunque fuéramos dos extraños en la misma sala, daba la sensación de que la estábamos viendo juntos. Y yo no podía evitar mirarla. Cuando se encendieron las luces, se levantó, se sacudió los restos de palomitas de la ropa, se giró hacia a mi y me dijo "Adiós" con una sonrisa. Contesté automáticamente como un robot, pero estaba anonadado, no me esperaba que me fuera a decir nada en ningún momento.  

- ¿y ya está? ¿no le dijiste nada más? 

- Sí, al cabo de unos segundos que reaccioné y volví en mi, vi como ya estaba llegando a la puerta, así que me levanté presuroso y le dije medio en grito "¿te ha gustado?" ella se paró en seco y se giró. Me miró fijamente por un instante, luego miró a la pantalla, en la que aun corrían los créditos, me volvió a mirar y con la sonrisa más dulce me contestó "me ha encantado". Aquellas palabras, aquella sonrisa, me atravesaron y por un momento no sabía si se refería a la película o a la experiencia que acabábamos de compartir juntos. Le sonreí, con cara de tonto y se marchó.