mi desahogo, mi escapatoria, mi fiel compañero
Llegaste a mí cuando apenas tenia 8 años, mi mayor preocupación era no ser la última a la que escogiesen al formar equipos. Al principio no sabia bien, bien que hacer contigo, que utilidad tenías o si te iba a conservar. Poco a poco fui cogiendote cariño. Saber que estabas ahí, que podía recurrir a ti me tranquilizaba. Sabía que no iba a haber ningún tipo de censura ni de prejuicios, que era libre de opinar lo que quisiera, sobre quien quisiera y de lo que fuera, que se quedaría entre tu y yo.
Fue pasando el tiempo, deje de contarte mis cosas de niña para contarte mis cosas de adolescente. La primera vez que me enamoré, la primera vez que me robaron el corazón, la primera vez que cogieron ese corazón lo hicieron trizas y lo tiraron a la basura y la primera vez de todas y cada una de las veces que pasaba algo nuevo en mi vida. La gente que conocía, aquellos que parecían querer quedarse, pero al final salieron por la puerta grande, aquellos que querían quedarse per por desgracia ya no están, aquellos que aparecieron como si nada y siguen aquí y aquellos que siempre han estado.
Contigo aprendí a razonar. A explotar, soltarlo todo y luego analizar poco a poco que había pasado. También a observar a la gente, entenderles e incluso deducir como iban a actuar o reaccionar en determinadas situaciones. Aún así, no me he convertido en una experta leyendo a la gente y de vez en cuando me sorprenden, para bien y para mal.
Te he confesado mis mayores temores, te he narrado mis aventuras por el extranjero y contigo he intentado darle sentido a los sueños más extravagantes y caóticos que he tenido. Me has ayudado a decidir mi futuro, a aclarar mi mente, a conocerme mejor y ayudar a que me conozcan mejor.
Por todo esto y mucho más, gracias


No hay comentarios:
Publicar un comentario