Nunca se cómo empezar. Tengo muchas ideas en la cabeza,
sobre que quiero decir o como quiero decirlo, pero empezar a escribir… eso ya
es otra cosa. Me resulta irónico, teniendo en cuenta que me encantan los
principios. Cuando empiezas algo, todo es nuevo y desconocido. Te
sientes inseguro, pero también excitado e ilusionado por lo desconocido. Toda
aventura cuando la empiezas es más fantástica y tu entusiasmo está por las
nubes.
Así me siento yo ahora, en las nubes. Hace años lo
intenté, creo que llegue a crear un blog y duró… dos semanas, como mucho. No
estaba preparada. Puede que ahora tampoco, pero ha pasado ya tiempo, he vivido
más experiencias y se podría decir que hasta he madurado (en comparación a mi
yo más joven), y me he lanzado a la piscina. La verdad es que escribo desde que
era pequeña, me regalaron el típico diario infantil a los 8 o 9 años y no he
parado.
Escribo por muchos motivos, uno de ellos es para no
olvidar. Le tengo cierta tirria al olvido. Narro al detalle experiencias
significativas y así queda constancia de lo que he vivido y siempre que quiera
puedo leerlo y evocar el recuerdo en mi memoria.
Otro de los motivos es que para mí es terapéutico.
Digamos que eso de expresar tus pensamientos en voz alta con otros sujetos y yo
no vamos de la mano. Me guardo muchas cosas para mí y si no lo sacó mediante la
escritura tal vez acabaría loca. Me relaja mucho, me desahogo y me ayuda a
reflexionar.
Y en definitiva, eso explica por qué no son solo palabras.
Una palabra no es para nada algo simple y vacío, es mucho más complejo y
engloba una infinidad de cosas. En mi caso, las palabas son mis ideas,
proyectos, sentimientos, sueños, aventuras y desventuras, vamos que a través de
ellas me estas conociendo a mí. No son solo palabras, son yo.
F.

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