Creo recordar como era de niña, aún así no estoy segura. Por ejemplo, todos dicen que lloraban cuando (alerta spoiler) la madre de bambi muere en la película. Yo recuerdo qué no lloré. Es más, como niña no recuerdo haber llorado con ninguna película. Si que lloré como una desconsolada cuando mi perra Tara se escapó de casa porque alguien se dejó la puerta abierta. La idea de que estuviera sola, perdida o de que le pudiera pasar algo me mataba, y obviamente me ponía en el peor de los casos: seguro que la atropella un coche, se muere y no estamos ahí para despedirnos o ayudarla. Por suerte a la semana volvió ella sólita caminando a casa y no hubo ningún drama.
Según iba creciendo, pongamosle unos 13 años, empecé a llorar con las películas. No mucho, es más no creo ni que llorara de verdad, era más una lagrimilla de emoción. No fue hasta los 15 que realmente lloré con una película. Ahora si lloro cuando muere la madre de Bambi y ya ni te cuento con Mufasa en el Rey león... Pero no se trata únicamente de películas. Tuve la suerte que de pequeña no falleció ningún familiar cercano, pero si falleció el abuelo de mi prima, un hombre al que creo que no conocí nunca, pero fui al funeral. Lloré, no porque le conociera o sintiera su perdida, fue ver a mi tía y a mis primos tan tristes y desolados lo que me embriagó de tristeza e hizo que llorará como si el que hubiera muerto fuera mi abuelo.
Por otro lado, cuando pasan las catástrofes naturales más "heavys" y se convierten en la noticia del día, de la semana, al ver los reportajes de como han quedado las casas, gente sin techo, sin comida, un perro perdido en medio de los escombros, noto una presión en el pecho, una tristeza, y aunque pueda sonar ridículo, un día, mientras comía y miraba las noticias en la tele, tuve que parar de comer por que se me caían las lágrimas en el plato.
Pero luego, suceden acontecimientos, situaciones en las que hay que estar triste, la gente espera de ti que estés triste y que por alguna razón no lo estoy. Si que lloré cuando se murió mi abuelo en febrero, pero el sentimiento no fue ni por un segundo tan fuerte como aquel del primer funeral al que fui. Es extraño, es como si el sufrir de otro me afectara más que mi propia desgracia. Si que me afecta lo que está a mi alrededor, pero por alguna razón mi manera de sentirlo o expresarlo es muy interna. No tengo problemas para expresar que comparto tú dolor, pero si tengo problemas para expresar que estoy sufriendo.


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