Es hora de acabar con el rollo enfermizo de ni contigo ni sin ti.
Cuantas cosas nos callamos a lo largo de la vida, cuantas veces habré gritado en silencio "Te quiero", cuantas veces habré pensado, hoy, ahora, ya lo tengo que decir... y nunca pronunciaron mis labios las palabras ni hubo oídos prestos a escucharlas.
Y es que son muchos los momentos que compartes, muchos los sueños y las esperanzas, anelando que, en algún momento, esto cambie, que puedas avanzar o al menos volver al principio, que vagamente recuerdas, pero recuerdas que era mejor. Hubo un tiempo en el que creí que lo eras todo, hubo un tiempo en el que deseaba que no fueras nada y ahora sé que tienes que dejar de ser lo que eres.
Por que... ¿y si te dijera que te quiero? Después de tanto tiempo, ¿me creerías? Tal vez si, tal vez no, seguramente no. Nos hemos desgastado, hemos perdido la esencia de lo que éramos nosotros, todo aquello que tuvimos al principio, la ilusión, las ganas, el coqueteo. Nos pudo el orgullo, maldito orgullo que nos ha llevado a donde ha querido, pero no a donde nosotros queríamos.
Maldito orgullo...
Ya no nos quedan oportunidades. No estoy tirando la toalla, porque no hay nada por lo que luchar. Aquello, aquella relación de complices, ahora es una relación de oponentes. ¿Quien es el más fuerte? ¿Quien es capaz de olvidar al otro? ¿Quien es capaz de decir que no primero? ¿Quien es capaz de resistirse?
Quizás si fuiste tú, quizás si fue nuestro momento, pero no supimos verlo. O quizás no, quizás simplemente siempre he sabido que no eras tú, pero no estaba preparada para reconocerlo. ¿Cómo reconocer que alguien por quien pararías el mundo entero, por quien has sentido tanto, por quien has removido cielo y tierra para que no desaparezca, no es el tuyo, no es el amor de tu vida? ¿ Cómo?
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