lunes, 19 de octubre de 2015

Vengo con la intención de robarte el corazón

"Tienes algo... no se el qué... pero me encanta"

Así de simple, con esa frase, le robó el corazón. 

Laura estaba sentada en la mesa de la ventana, con su café, esperando a sus amigas. Odiaba quedar los domingos de resaca, pero tenía 0 ganas de quedarse sola en casa y comerse la cabeza, así al menos podría enterarse de los cotilleos de anoche, de las locuras de Sofía y con quien se fue Eva a casa, además habían quedado en El Federal que le quedaba a dos calles de casa. 



Embobada mirando por la venta mientras removía con la cucharita su café con leche y canela, se puso a pensar en aquellos días de verano. Cada año, ella y Sofía, subían a pasar unos días al pueblo, lo justo para: volver a ver a la gente, pasar unos días con la familia, disfrutar de las típicas fiestas de pueblo y volver frescas a la ciudad condal. 

Llegaban tarde, siempre llegaban tarde, daba igual que Laura le hubiera dicho a Sofía que la barbacoa era a la 13:30, siendo realmente a las 14:00, porqué iban a llegar a las 14:30. A eso había que añadir también los problemas de orientación de Sofía...

- Tía ¿qué haces? ¡Casa de Alba es la rotonda a la izquierda!

- Joder Laura como te tengo que decir que me avises antes de girar!

- Te he avisado antes de entrar a la rotonda... que tengas problemas con izquierda y derecha es otra cosa... 

- Qui tinguis priblimis quin izquirdi y dirichi is itri cisi. 

Las dos estallaron a carcajadas, Sofía era un desastre, pero un desastre adorable y Laura la adoraba, eran de esas amigas que se conocían tanto que parecían hermanas, de esas que podían estallar a gritos en alguna discusión, pero que luego se ponían a llorar como magdalenas y se reconciliaban, sin dejar nunca de lado los "Te quiero tia" de las noches de borrachera. Al final, llegaron sanas y salvas a casa de Alba, media hora tarde por su puesto, pero llegaron. Alguien más llegaba tarde, detrás aparcó un Seat Ibiza rojo.

- Mira ves, no somos las únicas que llegamos tarde ¿Quienes son? - Preguntó Sofía mientras apagaba el motor. 

- No ves una mierda eh, a ver si te pones gafas ya, son Edu, Carlos y el conductor ni idea... - "¿Quién es?" esa pregunta le recorría la mente, no le sonaba de nada, vio como se bajaban del coche, era alto, más alto que Edu y Carlos, aunque no mucho, debería medir alrededor de 1,80. 

Ellas se bajaron también del coche y fueron todos hacia la puerta. Sofía llamó al timbre y mientras esperaban a que alguien les abriese empezaron a intercambiar saludos y risas:

- ¡Hombre, ya están por aquí las chicas de Barna..!

- ¿Qué pasa Edu, no nos echabas de menos? 

- Jajajaja, yo no he dicho eso Sofi, ¡ven aquí enana!

Entre los besos y estrujones de bienvenida de estos dos mejores amigos, Laura se acercó tímidamente y le dio dos besos a Carlos, se giró y ahí estaba él, el desconocido, plantado al lado de Carlos, "Si, es alto" se confirmó mentalmente, joven, moreno, con barba, y con unos profundos ojos verdes, unos ojos que miraban curiosos, protegidos detrás de unas lentes de pasta negras.  

- Hola, soy Laura ¿Y tú eres...?

- ¿Perdona? - el chico la miró confundido durante unos segundos, era como si ni se hubiera percatado - ah, si.. perdona Alex, encantado. - Alex le dio dos besos y se giró, Laura siguió su mirada y entonces comprendió que era lo que despertaba tanta curiosidad a aquellos ojos verdes. 

- Hola, yo soy Sofía, encantada. 


Por que siempre al final algo falla...






martes, 13 de octubre de 2015

Vuélvete a enamorar

Piérdelo todo, menos la ilusión

Ojalá fuéramos niños, ojalá dejáramos de tener miedo y nos lanzáramos otra vez a la piscina sin importarnos si el agua está o no congelada... Hemos perdido esa inocencia, esa curiosidad por la vida, de expresar en voz alta lo que queremos, sin que nos importe cuales pueden ser las respuestas, porque la posibilidad de que nos dijeran que si, ganaba por goleada a la opción de que nos dijeran que no. 


Esos niños que se acercan y te dicen: ¿Jugamos? Sin ningún tipo de miedo al rechazo y es que en que cabeza cabe que 1. te digan que no a jugar, por el amor de dios somos niños, todos queremos jugar y 2. en el caso de que ese niño te diga que no, daba igual, había más niños en el parque, que seguro que estaban deseando jugar contigo. 

Esto de crecer es lo que tiene, te llenas de miedos, inseguridades y de experiencias, sí, y se podría decir incluso que eres "más sabio", pero... ¿realmente lo somos? ¿Somos más sabios o simplemente somos más cautelosos?  

Y es que hoy en día parece que confesar lo que uno siente sea la mayor locura que puedes llevar a cabo ¿A quién se le ocurre? La locura es no decirlo, la locura es creer al que dijo que el amor no estaba de moda y yo digo ¡A la mierda! ¿Follar? Sí, pero no te olvides de los sentimientos, ni las emociones, ni aquello que te hace estar vivo, sentirte vivo, no lo hagas. No tengas miedo de sentir ni de lo que pueden sentir los demás. 

Yo ya no sé cuantas veces han sido, si 5 o 500, pero sé que han sido muchas... muchas veces me han roto el corazón. A veces sin saberlo, a veces sin querer, otras me lo he roto yo misma y otras, las peores, me lo han roto queriendo. Aun así, después de cada una de ellas, he cogido todos los pedacitos y los he vuelto a juntar, han quedado marcas, cicatrices, un poco de celo por aquí, una grapa por allá y voilà: corazoncito dispuesto a volverse a enamorar!