Hace como una eternidad que no paso por aquí, y es que hace un tiempo caí en algo que podríamos calificar de “depresión”, de crisis de identidad, no sabía quien era, que quería, quien quería ser, donde estaba, a donde quería llegar, e intentaba recordar quien había sido, cómo era yo antes, pero no tenía una imagen nítida y lo que recordaba, no me llenaba, me encontraba en un punto en el que no sabía que hacer, sólo sabia que volver hacía atrás no era una opción.
Una cosa que a mi siempre me ha encantado, que he comentado reiteradamente que me gusta, que me ayuda, que incluso a veces lo utilizo hasta de terapia para conmigo, es escribir y ese estado de desmotivación existencial en el que me encontraba convirtió lo que para mi era en muchas ocasiones una salvación, en mi peor pesadilla: no podía escribir.
Algunos amigos me decían, inténtalo, ponte la hoja en blanco delante y empieza por palabras, aunque no tengan sentido ni estén conectadas, simplemente por el hecho de escribir algo. Otro me aconsejo narrar momentos de mi día a día, describir pues lo que había hecho o si había ido a algún sitio. Y así, mil consejos más de “como combatir el bloqueo del escritor”.
Pero el problema, no era tanto el hecho de que no tuviera que contar nada, o no supiera sobre que escribir, porque locuras que contar siempre tengo, el problema era la sensación de angustia que sentía al pensar “voy a escribir”, era ver una página en blanco y automáticamente notaba una sensación extraña en el pecho, de malestar, cómo cuando te cruzas o te encuentras con un ex en algún sitio, una sensación muy incómoda. Acabé por cogerle tirria, no podía escribir y no quería hacerlo, suficientemente mal estaba yo, como para añadir la problemática de la escritura a mi día a día. Resultado: llevo sin escribir unos 5 meses.
No es del todo cierto… a veces la escritura es como una droga, y no podemos evitarlo. En vez de escribir tal y como lo estoy haciendo ahora, una redacción, por llamarlo de alguna forma, empecé a anotar pensamientos, ideas, desahogos en mi móvil. Al principio sólo eran frases, luego se convirtieron en párrafos, hasta convertirse en lo que viene a continuación, pequeñas confesiones.
“Se que no estoy bien, cuando me doy cuenta de que la vida son dos días y me paso la mitad del tiempo pensando en ti.”
“quien era yo, quien soy yo, quien seré”
“Mira lo que tiene instagram, que puedes darte cuenta de estas pequeñas cosas, hace 28 semanas, era feliz. Hace 28 semanas no sabia que hoy me iba a sentir como me siento, ni me imaginaba que alguien pudiera llegar a mi vida y trastocarlo todo, de tal manera que no recuerdo de donde sacaba yo las fuerzas hace 28 semanas, quien era esa chica sonriente de la foto…”
“Dicen que hay gente que llega a tu vida para cambiarla, o que tu llegas a la suya para cambiarla. Al principió pensé que yo había llegado a su vida, que era yo el cambio, no sé si para bien o para mal, si me quedaría o sería solo una visita. Me di cuenta tarde de que fue al revés, que el cambió era él y había habido un antes y un después.”
“Me gustaría ser esa persona a la que le quieres contar lo que te ha pasado durante el día, lo bueno, lo malo, lo irritante lo gracioso. Ser con la que te puedas quejar de todo lo que quieras, por estúpido que sea. Confesarme cuales son tus fantasías, intentar buscarle un sentido a tus sueños o simplemente contármelos porque es lo que te apetece. Me gustaría que fuera en mi en quien pensaras cuando te pasa algo, interesante o no, y te dijeras mentalmente “esto tengo que contárselo” . Me gustaría ser tu amiga, aquella con la que compartes tu tiempo, tus horas muertas y todas las que quieras.”
“No quiero tener un motivo para hablarte, quiero poder hablarte cuando quiera y de lo que quiera. Contarte mis tonterías, lo que veo por la calle y me llama la atención, porque ya sabes como soy que me fijo en esos pequeños detalles de la vida, que igual al resto no le parece necesario comentar. Cosas que me hacen gracia, que me molestan, lo que me hace feliz y lo que me entristece…”
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