martes, 24 de septiembre de 2019

Crónica de un corazón roto


No entiendo nada y a la vez lo entiendo todo. Y me duele el corazón, muchísimo, esa opresión en el pecho, el nudo en la garganta y las lágrimas en los ojos. Y me pregunto ¿cómo puedes ser tan tonta? 

Y aquí estoy, rodeada de gente, disfrutando de un encuentro social, bebiendo un par de cervezas y riendo de algunas ocurrencias de un amigo y sin embargo no puedo evitarlo. Evitar desear estar en otro lugar, contemplar la luna a tu lado. 

Me siento tan cansada, cansada de todo, de quererte, de odiarte, de echarte de menos, de querer que vuelvas, de querer no volver a verte nunca... una marea de emociones contradictorias e inagotables que me agota día a día... 

Y mi estabilidad? Y mi felicidad? Y mi futuro? Me siento tan incapaz de avanzar, que me ahogo. 

Es curioso como las emociones, son mas o menos iguales, lo que se siente por un corazón roto, independientemente de quien te lo rompa. 

Es triste cuando las relaciones se acaban, supongo que cuando llegas o te estas acercando al final, muchas cosas han cambiado, y entonces te pones a mirar viejas fotos, y recuerdas... Lo peor son los recuerdos ( y para eso las redes sociales no ayudan mucho la verdad...) y ves aquella publicación del 3 de enero, una foto vuestra, en la que se os ve felices, sonriendo, celebrando la entrada de un nuevo año, con un montón de sueños, planes e ilusiones. Con ganas de comeros el mundo, y el uno al otro. 

Y el pie de foto... ese maldito pie de foto, en el que encima expresas esa felicidad, con una frase romántica porque estas enamorada, de pies a cabeza, hasta las trancadas, enchochada como dirían en canarias: Si vienes, por ejemplo, a las 4 de la tarde; desde las 3 yo empezaría a ser feliz. 

Y tan feliz joder... y lo recuerdas con más intensidad aún, y lloras, y no sabes que es lo que te apena más, el hecho de darte cuenta de que se ha acabado, que ya no sois esa pareja que aparece en esa foto... o la nostalgia, el echar de menos no solo la relación, sino la felicidad, joder que feliz eras ahí... quien te iba a decir, que hoy estarías llorando por esa p*** foto y una parte de ti deseando borrarla, como en la peli de Jim Carrey, que con una maquina te borran los recuerdos para que puedas pasar página, seguir con tu vida y superar esa relación... 



¿Por qué sigo? Por primera vez tengo miedo a estar sola? Tengo miedo de perderle? A caso no lo he perdido ya? 

¿Por qué sigo? Le quiero, y le echo de menos. Pero ¿me quiero? ¿Me echo de menos? 

Dios, te echo tanto de menos... y tu simplemente no estas, y no lo entiendo. Lo intento, te juro que lo intento, pero no puedo, me duele, me duele muchísimo quererte y quererte como nunca he querido a nadie y darme cuenta de que no sirve para nada, que da igual lo mucho que lo intente y me esfuerce porque tu simplemente no sientes lo mismo. Y tengo que aceptarlo, se que tengo que hacerlo y pasar pagina y seguir para delante, y joder como duele... y me gustaría ser madura y decirte que te deseo lo mejor, pero no puedo, porque a la vez te odio, odio esta situación, odio que hayas cambiado, y que ya no me quieras... lo odio muchísimo... y por eso duele... y ojalá dejaras de mentirme, ojalá te dieras cuenta tu solo de que ya no me quieres y yo no tendría que estar sufriendo así... de esta manera creyéndome tus mentiras a medias, ¿Por que dices que me quieres? Y  que me quieres mucho... no no es verdad porque si lo fuera, como explicas que no quieras verme, que no quieras estar conmigo, que tengas vacaciones y no hayas dedicado ni 5 min de tu tiempo a mi, y ya no a mi, a nosotros. 

¿Te acuerdas de nosotros? Solíamos ser amigos y hacer un montón de cosas juntos, y ahora parece que estorbo. Y no solo a ti, sino también a mis amigos, xq antes yo hubiera ido a ver el Barça al bar, contigo y con nuestros amigos, y hubiera ido a ver el Madrid al bar, contigo y con nuestros amigos...

Por si no lo sabíais se tardan nada mas ni nada menos que 5 minutos en borrar el rastro de tu relación y de la persona que has querido de tu teléfono. Whatsapp, contacto, instagram,  y todas las fotos y videos del carrete. Va a doler, dios sabe cuanto tiempo, vas a tardar en olvidar otro tanto, pero en borrarlo todo, 5 minutos. 






lunes, 6 de marzo de 2017

La sesión de las Cinco


- Tio, ¡te tengo que contar lo que me pasó la semana pasada!
-  ¿Qué te pasó? Cuenta, cuenta
- ¿Te acuerdas que te dije el miércoles que iba a ir al cine? 
- Si, me acuerdo ¿No fuiste, no?
- Si, si que fui. Fui al Ulises el cine independiente que hace esquina en la plaza pequeña, ¿Sabes cuál te digo? ¿Aquel al que fuimos una vez con Claudia? 
- Si, si se cual dices, ¿volviste a ir con tu ex? 
- No, fui solo. 


-Hacía tiempo que quería ir solo al cine, además las películas del Ulises son todas de tipo independiente y no conozco a mucha gente, a parte de a ti y a mi Ex, que les guste ir. Bueno, a lo que iba, fui al cine porque habían estrenado hace poco aquel drama francés del que te hablé, no se si te acuerdas...

- Sí, aquella película que el director y el reparto eran franceses, y la habían rodado en Islandia, y no se que más me contastes. 

- Sí, pues esa, pero cuando llegué, vi que también estaba en cartelera la de Stockholm de Rodrigo Sorogoyen, un romance atípico con muy buenas críticas. El problema es que las dos eran a las cinco de la tarde, y no sabía cual quería ver, así que mientras me debatía entre cual de las dos escoger, llegó una chica. La verdad, me pareció una chica muy guapa y peculiar. Me la quedé mirando, aquello que te quedas empanado sin darte cuenta.

- Aha, y ¿Cómo era? 

- No era muy alta, debería rondar el metro 60 más o menos, llevaba una media melena castaña, con las puntas más rubias, ¿sabes? esto que ahora se hacen mucho las chicas; y unas gafas de pasta, redondas, marrones. Iba con unos mocasines negros con algo de tacón, unos tejanos de estos de cintura alta, un jersey corto rojo y una mochila verde chillón de Kipling. Resultaba muy gracioso y chocante, porque no le pegaba para nada, pero ella la llevaba transmitiendo una seguridad y una sensación de comodidad que al cabo de un rato, hasta te parecía un buen conjunto y todo. No te sabría decir si iba, o no, maquillada, yo creo que si iba maquillada, llevaba un maquillaje muy sutil, lo único, los labios, si que tenían algo de color, un tono rojizo, pero como ya te he dicho apenas se notaba. 

- Bueno tio, y ¿que pasó?, llego la chica esta ¿y qué? 

- Pensé que ella estaría esperando a alguien sabes, una amiga, o el novio, yo que sé. Pero, fue directa a la taquilla, a pedir una entrada para la de Stockholm, a la sesión de las cinco. Como te he dicho yo estaba dudando entre las dos películas, como si fuera cosa del destino, ya sabes que yo creo mucho en estas cosas, decidí que era esa la que tenía que ver. Así que fui a la taquilla y me pille la entrada después de ella. Cuando entré en el cine, se estaba pidiendo unas palomitas pequeñas saladas y una pepsi. Yo hacía nada que acababa de merendar y no me apetecía pillarme nada, así que fui al baño y pensando además, que si tardaba más que ella en entrar, luego podría elegir donde sentarme, es decir sentarme relativamente cerca, sin que fuera muy descarado ¿sabes? rollo miro mi entrada y "ay va, que casualidad que mi butaca está tan cerca" ¿me sigues? 



- Sí tio, rollo acosador... ¡es broma! Bueno y te sentaste cerca suyo para ver la peli ¿no?

- Efectivamente, cuando entré, ella ya estaba sentada, quinta fila, en el medio pero hacia los asientos de la izquierda, así que yo me senté en la quinta fila, en el medio pero hacia los asientos de la derecha. No vino nadie más. Empezamos a ver la película los dos solos. Era una sensación muy extraña, reíamos y llorábamos a la vez, si, se me cayó la lagrimilla en alguna ocasión, soy un tio sensible ya lo sabes. Hacíamos comentarios, nos mirábamos de vez en cuando...

Manu se descojonaba, pero yo continué.

- Bueno, que era cómo si estuviéramos compartiendo esa experiencia juntos. Aunque no nos conociéramos de nada, aunque fuéramos dos extraños en la misma sala, daba la sensación de que la estábamos viendo juntos. Y yo no podía evitar mirarla. Cuando se encendieron las luces, se levantó, se sacudió los restos de palomitas de la ropa, se giró hacia a mi y me dijo "Adiós" con una sonrisa. Contesté automáticamente como un robot, pero estaba anonadado, no me esperaba que me fuera a decir nada en ningún momento.  

- ¿y ya está? ¿no le dijiste nada más? 

- Sí, al cabo de unos segundos que reaccioné y volví en mi, vi como ya estaba llegando a la puerta, así que me levanté presuroso y le dije medio en grito "¿te ha gustado?" ella se paró en seco y se giró. Me miró fijamente por un instante, luego miró a la pantalla, en la que aun corrían los créditos, me volvió a mirar y con la sonrisa más dulce me contestó "me ha encantado". Aquellas palabras, aquella sonrisa, me atravesaron y por un momento no sabía si se refería a la película o a la experiencia que acabábamos de compartir juntos. Le sonreí, con cara de tonto y se marchó. 


lunes, 27 de febrero de 2017

Con G de Gilipollas


Vaya una generación de impresentables con la que nos ha tocado convivir, y es que no se salva ni uno, de los 30 a los 20, todos defectuosos. No es que puedas decir "Búscatelo un par de años más mayor, que ya se le habrá pasado la tontería" o "Búscatelo un par de años más joven, que igual aun no les ha llegado la crisis existencial" Pues no, todos tarados, inservibles e insensibles. 

"Me he agobiado", "tengo sensaciones diferentes", 
"no me veo preparado para tener una relación", 
"No es que no me gustes, es que ahora mismo no se lo que quiero".
"Bueno, yo es que dije desde el principio que no quería una relación..."

¿Y que es lo que esperabas lumbreras? ¿forjar una bonita amistad, quedar para cenar, ir al cine, asistir a eventos importantes, mantener relaciones sexuales (no en exceso, lo principal es dormir juntos) y que no sea NADA?

Y podríamos seguir recopilando excusas de todos aquellos inmaduros, asustadizos que no quieren salir de su zona de confort, que lo quieren todo sin arriesgar nada, y lo que tienen es un serio problema de déficit emocional, competencia social y un acojonante miedo al compromiso.

Y nos culpan a nosotras, dentro de la generación "Millennials" , nos hemos criado con las películas de Disney y por eso buscamos desesperadamente ese concepto de "príncipe azul" e idealizamos las relaciones, siendo emocionalmente inestables y dependientes... 

¡Pues no señores, no, dejad de venderme la moto, porque no la compro!

Puede que me haya criado con las pelis de Disney ¿y qué? ¿a caso no están la gran mayoría basadas en historias mucho más antiguas? Me he criado con los grandes, con Romeo y Julieta, y Cumbres Borrascosas, y también he visto la otra cara del amor con Annie Hall de Woody  Allen y 500 días juntos. Por el amor de dios, que he crecido con menos romanticismo que en la época de mis padres... en la que estrenaron Oficial y Caballero, y mi padre, comprometido y romántico, eterno fan de  Pablo Neruda, le dedicaba sus poemas a mi madre. 

No estoy idealizando el concepto del amor, no busco a un príncipe azul, y es que os habéis encargado vosotros, niñatos inseguros, de desteñirlos. Y el problema no es nuestro, el problema es vuestro: sois vosotros, que no dais la talla.  

"Ahora bien,

si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado".


viernes, 3 de febrero de 2017

Regálame...



No me regales flores, no me gustan.

Prefiero tu atención, prefiero un mensaje de buenas noches y otro de buenos días. Que me preguntes que tal me ha ido el día o que muestres un poco de interés por mi mundo, por lo que me gusta y me apasiona. Que surja de ti querer conocer a mis amigos, de la misma forma que surge de mi querer formar parte de tu vida, de tu día a día. 

No me regales joyas, no me gustan.

Regálame sonrisas, cosquillas por las noches y despertares llenos de besos. Quiero compartir momentos, quiero crear recuerdos y que quieras crearlos conmigo. Que si puedo organizarme para verte 5 minutos, te organices para verme ni que sean 5 minutos. 

Regálame tu tiempo y yo te regalaré el mío.

Porque considero que no hay mejor regalo que pasar un rato a tu lado, y me hace más feliz que tener acceso incondicional a todo el chocolate del mundo, y mira que ¡ADORO el chocolate!

Regálame una visita sorpresa, una escapada a tu cama.

Sumergirnos en un mundo en el que solo estemos tu y yo sin importar absolutamente nada más. Que nos envidie la luna, en vez de envidiarla nosotros a ella, y que las estrellas sean las únicas testigos de nuestras caricias. 


Igual pido demasiado, igual debería conformarme con promesas huecas, objetos fríos y lo que te sobre de tu tiempo... 


jueves, 26 de mayo de 2016

Déjame dejar de quererte

Puede que hable de ti, de quien eres, de quien has sido para mi, de lo que hemos vivido juntos, de lo que hemos compartido y de lo que me hubiera gustado hacer contigo, de todas aquellas cosas que planeamos juntos, todas aquellas promesas, sueños y deseos. De lo que hicimos y de lo que no llegamos a hacer... 

No quiero quererte más, déjame dejar de quererte, déjame olvidarte. 

Volviendo a casa de madrugada, no hay ni un alma por las calles, de fondo, en la radio, suena arctic monkeys. Mi banda sonora, si fuera una escena de una película no hubiese escogido cualquier otra canción, que alguna de su último álbum. 


Solo yo, mis pensamientos y una larga carretera por delante. Mi mente, traicionera, me lleva hacia a ti, me hace recordar el sabor de tus besos, el color de tus ojos, la dulzura de tus caricias... ¡Como lo echo de menos joder! ¿Que me has hecho? Que clase de droga es esta a la que me he enganchado, que alguien me lo diga y me recomiende el centro de rehabilitación más cercano. Igual debería consultarlo en google, los típicos remedios de la abuela o algún tutorial de youtube

Porque esto es una mierda, y yo sé que es una mierda, aquí estoy yo, a las 7 de la mañana, yendo sola a casa y dandole vueltas a la cabeza. Sé que intentaré dormirme, que daré mil vueltas en la cama, esa inmensa cama desde que tu no estas en ella, se que pensaré en las estrellas y desearé una ultima noche, una última vez, volver a ese momento único, efímero, en el que fuimos cómplices, en el que sólo éramos nosotros, y tomamos la sensación de ser uno mismo como filosofía de vida. 

Quiero avanzar, olvidar como olvidé a otros fantasmas del pasado. Déjame y no vuelvas. 

viernes, 29 de abril de 2016

Pequeñas confesiones

Hace como una eternidad que no paso por aquí, y es que hace un tiempo caí en algo que podríamos calificar de “depresión”, de crisis de identidad, no sabía quien era, que quería, quien quería ser, donde estaba, a donde quería llegar, e intentaba recordar quien había sido, cómo era yo antes, pero no tenía una imagen nítida y lo que recordaba, no me llenaba, me encontraba en un punto en el que no sabía que hacer, sólo sabia que volver hacía atrás no era una opción. 

Una cosa que a mi siempre me ha encantado, que he comentado reiteradamente que me gusta, que me ayuda, que incluso a veces lo utilizo hasta de terapia para conmigo, es escribir y ese estado de desmotivación existencial en el que me encontraba convirtió lo que para mi era en muchas ocasiones una salvación, en mi peor pesadilla: no podía escribir. 

Algunos amigos me decían, inténtalo, ponte la hoja en blanco delante y empieza por palabras, aunque no tengan sentido ni estén conectadas, simplemente por el hecho de escribir algo. Otro me aconsejo narrar momentos de mi día a día, describir pues lo que había hecho o si había ido a algún sitio. Y así, mil consejos más de “como combatir el bloqueo del escritor”. 

Pero el problema, no era tanto el hecho de que no tuviera que contar nada, o no supiera sobre que escribir, porque locuras que contar siempre tengo, el problema era la sensación de angustia que sentía al pensar “voy a escribir”, era ver una página en blanco y automáticamente notaba una sensación extraña en el pecho, de malestar, cómo cuando te cruzas o te encuentras con un ex en algún sitio, una sensación muy incómoda. Acabé por cogerle tirria, no podía escribir y no quería hacerlo, suficientemente mal estaba yo, como para añadir la problemática de la escritura a mi día a día. Resultado: llevo sin escribir unos 5 meses. 

No es del todo cierto… a veces la escritura es como una droga, y no podemos evitarlo. En vez de escribir tal y como lo estoy haciendo ahora, una redacción, por llamarlo de alguna forma, empecé a anotar pensamientos, ideas, desahogos en mi móvil. Al principio sólo eran frases, luego se convirtieron en párrafos, hasta convertirse en lo que viene a continuación, pequeñas confesiones. 


“Se que no estoy bien, cuando me doy cuenta de que la vida son dos días y me paso la mitad del tiempo pensando en ti.”

“quien era yo, quien soy yo, quien seré”

“Mira lo que tiene instagram, que puedes darte cuenta de estas pequeñas cosas, hace 28 semanas, era feliz. Hace 28 semanas no sabia que hoy me iba a sentir como me siento, ni me imaginaba que alguien pudiera llegar a mi vida y trastocarlo todo, de tal manera que no recuerdo de donde sacaba yo las fuerzas hace 28 semanas, quien era esa chica sonriente de la foto…”


“Dicen que hay gente que llega a tu vida para cambiarla, o que tu llegas a la suya para cambiarla. Al principió pensé que yo había llegado a su vida, que era yo el cambio, no sé si para bien o para mal, si me quedaría o sería solo una visita. Me di cuenta tarde de que fue al revés, que el cambió era él y había habido un antes y un después.”

“Me gustaría ser esa persona a la que le quieres contar lo que te ha pasado durante el día, lo bueno, lo malo, lo irritante lo gracioso. Ser con la que te puedas quejar de todo lo que quieras, por estúpido que sea. Confesarme cuales son tus fantasías, intentar buscarle un sentido a tus sueños o simplemente contármelos porque es lo que te apetece. Me gustaría que fuera en mi en quien pensaras cuando te pasa algo, interesante o no, y te dijeras mentalmente “esto tengo que contárselo” . Me gustaría ser tu amiga, aquella con la que compartes tu tiempo, tus horas muertas y todas las que quieras.”


“No quiero tener un motivo para hablarte, quiero poder hablarte cuando quiera y de lo que quiera. Contarte mis tonterías, lo que veo por la calle y me llama la atención, porque ya sabes como soy que me fijo en esos pequeños detalles de la vida, que igual al resto no le parece necesario comentar. Cosas que me hacen gracia, que me molestan, lo que me hace feliz y lo que me entristece…”



lunes, 19 de octubre de 2015

Vengo con la intención de robarte el corazón

"Tienes algo... no se el qué... pero me encanta"

Así de simple, con esa frase, le robó el corazón. 

Laura estaba sentada en la mesa de la ventana, con su café, esperando a sus amigas. Odiaba quedar los domingos de resaca, pero tenía 0 ganas de quedarse sola en casa y comerse la cabeza, así al menos podría enterarse de los cotilleos de anoche, de las locuras de Sofía y con quien se fue Eva a casa, además habían quedado en El Federal que le quedaba a dos calles de casa. 



Embobada mirando por la venta mientras removía con la cucharita su café con leche y canela, se puso a pensar en aquellos días de verano. Cada año, ella y Sofía, subían a pasar unos días al pueblo, lo justo para: volver a ver a la gente, pasar unos días con la familia, disfrutar de las típicas fiestas de pueblo y volver frescas a la ciudad condal. 

Llegaban tarde, siempre llegaban tarde, daba igual que Laura le hubiera dicho a Sofía que la barbacoa era a la 13:30, siendo realmente a las 14:00, porqué iban a llegar a las 14:30. A eso había que añadir también los problemas de orientación de Sofía...

- Tía ¿qué haces? ¡Casa de Alba es la rotonda a la izquierda!

- Joder Laura como te tengo que decir que me avises antes de girar!

- Te he avisado antes de entrar a la rotonda... que tengas problemas con izquierda y derecha es otra cosa... 

- Qui tinguis priblimis quin izquirdi y dirichi is itri cisi. 

Las dos estallaron a carcajadas, Sofía era un desastre, pero un desastre adorable y Laura la adoraba, eran de esas amigas que se conocían tanto que parecían hermanas, de esas que podían estallar a gritos en alguna discusión, pero que luego se ponían a llorar como magdalenas y se reconciliaban, sin dejar nunca de lado los "Te quiero tia" de las noches de borrachera. Al final, llegaron sanas y salvas a casa de Alba, media hora tarde por su puesto, pero llegaron. Alguien más llegaba tarde, detrás aparcó un Seat Ibiza rojo.

- Mira ves, no somos las únicas que llegamos tarde ¿Quienes son? - Preguntó Sofía mientras apagaba el motor. 

- No ves una mierda eh, a ver si te pones gafas ya, son Edu, Carlos y el conductor ni idea... - "¿Quién es?" esa pregunta le recorría la mente, no le sonaba de nada, vio como se bajaban del coche, era alto, más alto que Edu y Carlos, aunque no mucho, debería medir alrededor de 1,80. 

Ellas se bajaron también del coche y fueron todos hacia la puerta. Sofía llamó al timbre y mientras esperaban a que alguien les abriese empezaron a intercambiar saludos y risas:

- ¡Hombre, ya están por aquí las chicas de Barna..!

- ¿Qué pasa Edu, no nos echabas de menos? 

- Jajajaja, yo no he dicho eso Sofi, ¡ven aquí enana!

Entre los besos y estrujones de bienvenida de estos dos mejores amigos, Laura se acercó tímidamente y le dio dos besos a Carlos, se giró y ahí estaba él, el desconocido, plantado al lado de Carlos, "Si, es alto" se confirmó mentalmente, joven, moreno, con barba, y con unos profundos ojos verdes, unos ojos que miraban curiosos, protegidos detrás de unas lentes de pasta negras.  

- Hola, soy Laura ¿Y tú eres...?

- ¿Perdona? - el chico la miró confundido durante unos segundos, era como si ni se hubiera percatado - ah, si.. perdona Alex, encantado. - Alex le dio dos besos y se giró, Laura siguió su mirada y entonces comprendió que era lo que despertaba tanta curiosidad a aquellos ojos verdes. 

- Hola, yo soy Sofía, encantada. 


Por que siempre al final algo falla...