Bajas las escaleras y te detienes en el anden. Aún faltan 3 minutos hasta que llegue, así que te sientas a esperar. Sigues escuchando música con los auriculares puestos y contemplas como poco a poco se va llenando de gente.
Te fijas en ellos, en como van vestidos, en sus caras y expresiones y empiezas a elucubrar. La chica del fondo lleva unos tejanos remangados con unas superga negras y un top negro a conjunto, sostiene una carpeta de la Universidad, seguramente estudia Derecho o ADE, tiene el pelo castaño claro largo y esta delgada.
Un poco más lejos hay un señor con traje, tiene el pelo oscuro, lleva gafas y hace cara de cansado. Normal, piensas, son las 8:00 am. Seguramente se bajará en Maria Cristina, tiene pinta de ir a oficinas, ser gerente, contable o trabaje en un banco. Detrás de él hay otro señor, también moreno, con bigote y gafas. Lleva una camisa blanca, unos pantalones marrón clarito y un maletín marrón oscuro. Éste debe ser profesor, tal vez de química o farmacia.
Sigues así un par de minutos más. Ya sólo falta un minuto para que llegue. Miras al frente y te fijas en las vías. Entonces una idea, un pensamiento se asoma. Empiezas a pensar en la gente que está triste, los que tiene problemas, les han despedido, no llegan a fin de mes, son infelices. Recuerdas que un profesor de sociología comentó que en ésa época del año aumentan los "problemas" con el transporte y que la mayor causa de esos problemas son los suicidios, gente que se tira a las vías por que no lo soporta más.
Qué fácil sería, piensas, tan solo tienes que saltar y dejas que te atropelle. Vuelves a mirar a tu alrededor y te das cuenta de que no, no sería fácil. Mandarlo todo a la mierda es una cosa, y acabar con todo es otra muy distinta. De repente te planteas todo lo que dejarías atrás, tus sueños, tus proyectos, todo lo que ya has conseguido, la gente a la que has conocido, tu familia,tus amigos. Te aterra la idea, te aterra haber tenido ese pensamiento, pero a la vez te sientes bien. Durante un minutos has contemplado tu vida, todo lo que tienes, y te has parado ha pensar en las cosas buenas.
Tendemos a fijarnos en lo negativo, en las veces que nos dicen que no, en lo que nos sale mal, cuando nos han dejado, cuando nos han traicionado y solemos pasar por alto todas las veces que nos dicen sí, lo que nos sale bien, los que nos han querido y los que nos quieren ahora. A veces solo necesitas parar un minuto a pensar para poder darte cuenta de las cosas. Y lo has tenido, has aprovechado ese minuto.
Ya ha llegado, te levantas, abres las puertas y te subes. Sigues escuchando música y te fijas en si has acertado alguna de tus suposiciones. Te sientes bien, en calma.

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